Juventud, ¿divino tesoro?

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Actualmente la juventud se cotiza como un “divino tesoro”. Por una parte, los niños sueñan con llegar a ella, y en su afán queman etapas por las que antes se pasaba. Ahora con gran facilidad se considera “joven” a un niño de 11 años, que en lugar de jugar busca imitar el comportamiento de los mayores: un niño obedece a sus papás, pero el “joven” de 12 años ya no; una niña juega con muñecas, una “joven” de 13 ya no, ahora tiene novio, bebe en las fiestas y actúa como lo hacen sus hermanos de 18.
Por otra parte, los adultos se aferran a su juventud como a su más preciada joya. Hacen de todo con tal de no perderla. No es difícil toparnos con “jóvenes” de 30 o hasta 35 años vistiendo igual que esos otros de 11; evitando todo aquello que huela a “adulto” o a “madurez”.
¿Qué es lo que la “juventud” ofrece para que nos aferremos a ella de esa manera? Muchos piensan que el joven es “más libre” porque no tiene tantas ataduras, se le exige menos y, por ello, se “divierte más”. Ya disfruta de los entretenimientos de los adultos, librándose todavía de sus responsabilidades. Y así nos encontramos a tantos que quieren alargar esta etapa, lo más posible, antes de “sentar cabeza”.
El joven tendrá que tener cuidado para permanecer realmente libre para poder decidir lo que quiere ser, pues no son pocos los que han quedado presos de alguna adicción a las drogas o al alcohol, o han adquirido el sida u otras enfermedades que han condicionado el resto de su existencia, impidiéndoles hacer lo que en verdad querían.
La juventud, al ser una etapa sin las responsabilidades propias de la edad adulta, puede ser el momento en que la persona aprenda y se ejercite en ser dueña de sí misma para estar lista para lo que la vida le depare. Es el periodo de capacitarse profesionalmente para poder prestar el mejor servicio posible a la sociedad; de hacer propios los principios éticos que fundamentarán su vida, sobre los cuales basará todas sus decisiones futuras; de fortalecer la voluntad a fin de estar preparado para lo que venga; de construir amistades estables y duraderas basadas en el respeto mutuo, que le acompañarán el resto de su existencia; y de sentar las bases de lo que será su porvenir.
La sociedad de hoy, al incitar a los jóvenes a vivir sin reglas, a probar de todo, a tener el placer como el mayor objetivo de esta etapa, a no pasar a la edad adulta, le está haciendo un daño muy grande a esta generación, al no brindarle los elementos para madurar. No está equipando a estos jóvenes con lo que necesitan para cuando sean mayores. En pocas palabras, ofreciéndoles la “felicidad” en placeres pasajeros y momentáneos, les está quitando la oportunidad de ser realmente felices.
La juventud será un verdadero tesoro para todos aquellos que la aprovechen armándose bien para la batalla de la vida, y, en este caso, se convertirá en un tesoro invaluable para la sociedad al asegurarle un futuro esperanzador.
Ayudemos a nuestros jóvenes a ver el engaño y el peligro que hay en una subsistencia fácil, consumista y sin responsabilidades, para que en efecto puedan disfrutar del divino tesoro que es su juventud dignamente vivida como una etapa de transición hacia la auténtica plenitud humana.

Tomado de Pedagogía en casa: claves para una buena educación en el ámbito familiar, de Liliana Esmenjaud. Editorial Limusa

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