La verdad ¿existe?

Un tiempo para dimensión intelectual

La verdad no es indiferente para el ser humano: es condición para la libertad y el progreso, y el mejor cimiento para edificar una cultura, una civilización, un futuro y una vida. Construir sobre mentiras o errores es como hacerlo sobre arenas movedizas: tarde o temprano todo se desmorona y sólo lo verdadero queda.
Tenemos la capacidad para conocer la verdad; pero no la conocemos de golpe, a simple vista. Siempre procedemos por partes, y cada una ayuda a descubrir nuevas facetas que, en un primer momento, se nos escapaban o no comprendíamos. En este sentido, podemos decir que tenemos la capacidad de construir nuestro conocimiento de la verdad. Y lo mejor de todo es que construimos sobre los conocimientos que otros nos han legado. La NASA no necesitó redescubrir la gravedad. Basándose en la ley de Newton ha logrado vencerla enviando gente al espacio.
Conocemos el mundo como conocemos una obra de arte. Cuando vamos por vez primera a Florencia y nos encontramos ante el David de Miguel Ángel pueden ocurrir distintas situaciones. Podría darse el caso de que nunca hubiéramos oído hablar de él y que pasáramos de largo sin apreciarlo o hasta criticándolo. Sin embargo, un buen libro o un guía nos pueden dar los elementos imprescindibles para estar en condiciones de valorarlo. Una vez frente al David, lo empezamos a conocer desde un ángulo determinado, pero hará falta movernos a su alrededor si queremos obtener un conocimiento más completo. Cada ángulo nos permitirá contemplar distintos detalles. Ahora bien, si un experto en arte se encuentra a nuestro lado, indudablemente podrá descubrir muchas más riquezas en esa creación que nosotros. Pero el valor del David está en la obra misma, no varía según nuestra cultura o nuestra capacidad para apreciarla.
He aquí la grandeza de la verdad: existe independientemente de nosotros. Y siempre podemos profundizar en ella. Una realidad no es más verdadera por el hecho de que muchos la conozcamos. Lo que es verdadero lo es. La mentira no se convierte en verdad porque muchos la repitan o la crean. El error y la falsedad terminan por caer y destruirse ellos solos, como nos ha enseñado la historia. La verdad sobrevive cualquier choque o crisis. Aunque parezca que la entierran, o que no se le conoce, al final, todo lo demás cae y ella resplandece.
Nuestro conocimiento de la verdad seguirá avanzando. El mejor servicio que podemos hacer a las generaciones venideras será ayudarles a creer que la verdad existe y transmitirles el amor y el respeto hacia ella. De esta manera podrán seguir progresando en su descubrimiento, pues al final de cuentas, sólo la verdad los hará libres.

Tomado de Pedagogía en casa: claves para una buena educación en el ámbito familiar. Ed. Limusa.

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