Un buen compañero de viaje

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Acomodada en mi asiento, con 12 horas de vuelo por delante, me dispuse a conocer a mi compañera de viaje: Lucía, una pequeña de unos 10 años de edad, que había pasado el verano en la granja de su abuelo y que ahora regresaba a la ciudad con su papá. Entretenida me contó sus aventuras de esos meses que tanto le sirvieron para aceptar realidades que no lograba comprender, como la muerte de su mamá, o el transcurrir del tiempo, pues ella simplemente no quería dejar de ser niña para seguir visitando a su abuelo y amigos, en especial a uno que conoció este verano: Mago. Sí, ese era su nombre. Él fue quien más le ayudó.
Lo conoció en el estudio del abuelo. Un cuarto misterioso lleno de encanto, donde la extensa colección de relojes marcaba la hora al unísono. Cuando el abuelo dormía, Lucía se quedaba ahí para buscar a Mago, un pequeño leprecón, sí, leyó bien, un leprecón que al contarle la historia de su aldea le ayudó a resolver muchas de sus interrogantes. ¿Un lepre… qué???? Un L-E-P-R-E-C-Ó-N, es decir, un pequeño duende irlandés, pelirrojo, vestido de verde. Junto a este estupendo amigo Lucía aprendió a descubrir el valor de lo que permanece en la vida y el sentido de lo pasajero. En ese verano Lucía maduró gracias a esta buena amistad.
Para el momento de aterrizar, ya había yo recorrido, junto a estos dos personajes, hermosos parajes irlandeses, pasando por el Gran Sauce hasta llegar al enigmático lugar de “los dominios del Sol”, que da nombre a esta historia de Margarita Iturbide. Con sus descripciones ágiles y su trama interesante, este libro fue un gran compañero de viaje que, además de mantenerme entretenida todo el tiempo, me llevó a reflexionar sobre cuestiones tan humanas como la muerte o el valor de una amistad, y todo a través de una narración sencilla y bien tratada que daba por resultado una lectura fácil y agradable.
Un buen libro es una gran compañía. Aumenta nuestra cultura,propicia que desarrollemos la imaginación, nos enseña muchas cosas, nos entretiene, nos hace compañía, nos estimula a reflexionar… ¡Qué importante es fomentar el hábito de la lectura en los hijos y alumnos para que se enriquezcan desde pequeños!
En la actualidad el libro tiene mucha competencia: películas, juegos electrónicos, televisión… Sin embargo, la lectura tiene un valor formativo más alto que sus competidores. Ante un libro, el lector no puede permanecer pasivo. La trama que se lee sólo se completa con la imaginación, la experiencia y la sensibilidad del lector, convirtiéndose, en consecuencia, en una historia más personal, pues cada uno imagina a los personajes y al ambiente de manera distinta, mientras que en una película todo se da hecho y el espectador no pasa de ser tal.
Los libros, además, por lo general son grandes transmisores de valores. Nos transportan a lugares insospechados e invitan a convivir y a comprender personajes que, aunque estén muy lejos en el tiempo o en el espacio, comparten con nosotros la misma naturaleza humana. Los clásicos, en este sentido, se convierten en una gran escuela de humanidad.
Siempre es bueno llevar un buen libro consigo. Si no encontramos una mejor compañía en un viaje o a la espera de una cita, el libro nos salvará del aburrimiento, al mismo tiempo que nos aportará material para reflexionar o para compartir con los demás.

Tomado de Pedagogía en casa, claves para una buena educación en el ámbito familiar, editorial Limusa.

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