Dimensión afectiva

Afectiva

La familia es donde, de manera ordinaria, se encuentra la primera muestra de amor desinteresado. Este amor es gratuito, no se debe a ningún tipo de cualidad o talento propio, simplemente se recibe. El hijo espera ser amado por sus papás y hermanos, sin importar cómo se porte con ellos.

Este tipo de afecto, cuando es sano, da gran seguridad en la vida y es la base de lo que se conoce como autoestima.

Pero este tipo de amor presenta un gran peligro: al recibirse gratis no se lucha por él. No buscamos ganarlo. Ante la propia familia, precisamente por el contacto habitual y la confianza que existen, muchas veces no se cuidan los modales. En ocasiones se ofende al otro, y luego sufrimos porque no recibimos su afecto.

¿Cómo se puede fomentar el afecto entre los miembros de la familia? 

  • hablando siempre bien de ellos ante los demás;
  • siendo leales con ellos;
  • buscando ayudar a cada uno a alcanzar sus metas;
  • compartiendo objetivos en común;
  • cuidando la delicadeza en el trato, que no por ser familiar, ha de perder la finura.

 

Tomado de Pedagogía en casa: claves para una buena educación en el ámbito familiar, de Liliana Esmenjaud, ed. Limusa.

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El analfabetismo ético

Ética

La sociedad de hoy necesita una auténtica alfabetización ética, que inicia por el conocimiento de la propia dignidad como seres humanos.

¿Por qué será que un joven de 14 años recurre a las drogas –que son tan dañinas–, ya sea para divertirse o para evadir alguna otra realidad? Sabemos que lo que nos mueve a todos a actuar es acercarnos a algo que consideramos bueno para nosotros. Si este chico recurre a las drogas es porque está viendo en ellas la solución a su situación anímica, o porque quiere experimentar un placer que piensa que le hará bien. Ningún joven prueba la droga para hacerse adicto, agresivo o criminal. Las consecuencias negativas nunca son buscadas directamente.

La cuestión, entonces, pasa a ser un problema de percepción.[1] Las cosas aparecen como buenas o como malas según nos afecten a nosotros. El decir groserías, por ejemplo, en sí mismo ya no se considera ni bueno ni malo: si con ellas caigo bien, son buenas y las digo, si, por el contrario, me las dirigen a mí, me ofenden y se convierten en malas. La honestidad es importante y todos somos muy honestos, pero cuando en un examen puedo ver las respuestas del otro no lo llamo trampa, sino “audacia”, que también es “formativa”. Robar es un acto impensable, pero si el otro ni se da cuenta y no le va a hacer falta… ¿qué mal puede tener que me ayude un poco con lo suyo? Y así en todos los campos de la vida: se cae en un relativismo ético en que las cosas y las acciones son buenas o malas según me beneficien o perjudiquen en cada situación. Así, aun cuando siempre me hayan dicho que la droga es mala, y conozca las posibles consecuencias, si en este momento me ayuda a evadirme, o a ser aceptado por el grupo, convierto a la droga en “buena para mí”.

Una auténtica formación ética ayudará a no juzgar las cosas según los propios gustos y circunstancias del momento. Robar siempre será malo; matar, igualmente; la drogadicción, también, porque va en contra de mi persona, aunque momentáneamente me aporte ciertos “beneficios”.

Si no enseñamos a nuestros niños y jóvenes a actuar con base en principios éticos, y a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, se harán ellos solos vulnerables a todo tipo de abuso en su contra. Los principios éticos son los que custodian la dignidad de la persona. Quien no los sigue, paga en sí mismo las consecuencias.

A todos nos corresponde parte de esta alfabetización ética. No es una simple tarea de la familia o de la Iglesia. La escuela y la sociedad han de involucrarse también para erradicar esta enfermedad de nuestros tiempos. Si bien es preciso que los padres de familia hablen de estos temas con sus hijos, igualmente será necesario que lo hagan los profesores, las canciones, los comerciales, las películas y las series de televisión.

Necesitamos unir las fuerzas de todos para lograr el 100% de alfabetización ética, pues sin ella el ser humano se destruye a sí mismo. Éste es un tipo de violencia muy grave: la que la persona se infringe por ir en contra de su propia dignidad, y de la que nunca se oyen denuncias. Hay que enseñar y ayudar a nuestros niños y jóvenes a respetarse a sí mismos. El analfabetismo ético es una injusticia muy seria, por lo que su erradicación ha de convertirse en una prioridad para nuestras sociedades, si queremos realmente equipar a nuestros hijos de los elementos básicos para salir adelante.

[1] Esto mientras no se trate ya de un problema de adicción o de enfermedad.

Tomado de Pedagogía en casa: claves para una buena educación en el ámbito familiar, de Liliana Esmenjaud, ed. Limusa.

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Esferas de la personalidad

Esferas de la personalidad

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Capacidad social

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Las personas con capacidad social presentan algunas de las siguientes competencias:

  • Inspiración: Estas personas:
    • impulsan a la gente con una visión convincente o una misión compartida;
    • encarnan lo que piden de los demás y se muestran capaces de articular un objetivo común de modo que los demás se sientan estimulados;
    • transmiten la sensación de que todos trabajan por un mismo fin.
  • Influencia: Estas personas:
    • son convincentes y seductores cuando dirigen a un grupo.
  • Desarrollo de los demás: Estas personas:
    • muestran un interés sincero por las personas a las que ayudan y comprenden sus objetivos, sus puntos fuertes y sus flaquezas;
    • pueden hacer aportaciones oportunas y constructivas;
    • tienen madera de mentores o coaches.
  • Capacidad de impulsar el cambio: Estas personas:
    • saben reconocer la necesidad de renovación, poner en tela de juicio el statu quo y defender el nuevo orden;
    • pueden respaldar el cambio con convicción incluso aunque se encuentren con grandes obstáculos y saben argumentar bien sus opiniones;
    • encuentran formas prácticas de superar los impedimentos con los que se topan.
  • Gestión de los conflictos: Estas personas:
    • saben escuchar a todas las partes, comprenden los distintos puntos de vista y encuentran un ideal común que todo el mundo pueda defender;
    • sacan el conflicto a la superficie, recogen los sentimientos y las opiniones de los implicados y luego redirigen la energía hacia un ideal común.
  • Trabajo en equipo y la colaboración: Estas personas:
    • generan una atmósfera de armonía y son personalmente un modelo de respeto, atención y cooperación;
    • dirigen a los demás a un compromiso activo y entusiasta con el esfuerzo colectivo y construyen concordia e identidad;
    • dedican tiempo a forjar y cimentar relaciones estrechas.

Tomado del libro “Liderazgo:  el poder de la inteligencia emocional” de Daniel Goleman, Ediciones B, pp 147-148.

Inteligencia Emocional

Capacidad social

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Empatía

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Las personas con empatía tienen las siguientes competencias:

  • Capacidad de escucha: Estas personas:
    • tienen la capacidad para compenetrarse con un amplio abanico de señales emocionales, lo que les permite detectar lo que sienten, pero no dicen, las personas o grupos;
    • son capaces de comprender la perspectiva del interlocutor;
    • pueden llevarse bien con personas de orígenes diversos o de otras culturas.
  • Conciencia organizativa: Estas personas:
    • pueden ser astutas en el terreno político, detectar redes sociales determinantes y reconocer relaciones de poder cruciales;
    • son capaces de comprender los valores rectores y las reglas tácitas de los grupos donde interactúan.
  • Servicio: Estas personas:
    • promueven un clima emocional adecuado para que las relaciones se lleven por un camino adecuado;
    • se muestran disponibles siempre que haga falta.

Tomado del libro “Liderazgo: el poder de la inteligencia emocional” de Daniel Goleman, Ediciones B. pp 146-147

Inteligencia Emocional

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La autogestión

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Las personas que saben autogestionarse muestran las siguientes competencias:

  • El autocontrol: Estas personas:
    • encuentran formas para gestionar los sentimientos y los impulsos que los asaltan, canalizándolos para aprovecharlos;
    • no pierden los nervios ni la lucidez ante un gran estrés ni durante una crisis.
  • La transparencia: Estas personas:
    • son fieles a sus valores;
    • muestran franqueza auténtica ante los demás con respecto a lo que sienten, creen y hacen;
    • reconocen sin problemas sus faltas o sus errores.
  • La adaptabilidad: Estas personas:
    • pueden compaginar varias tareas sin perder ni concentración ni energía;
    • pueden demostrar flexibilidad al adaptarse a cambios inesperados y soltura al reaccionar ante datos o realidades imprevistas.
  • La capacidad de consecución: Estas personas:
    • buscan siempre mejores resultados;
    • son pragmáticas y se ponen objetivos medibles pero estimulantes;
    • se les da bien calcular los riesgos para que sus aspiraciones valgan la pena pero sean alcanzables;
    • aprenden de forma continuada y enseñan a los demás a mejorar.
  • La iniciativa: Estas personas:
    • aprovechan o crean las oportunidades;
    • no vacilan a la hora de simplificar trámites o incluso adaptar las normas si es necesario para crear mejores posibilidades para el futuro.
  • El optimismo: Estas personas:
    • son capaces de aceptar las cosas como vienen y al encontrarse con un revés percibir una oportunidad y no una amenaza;
    • tienen una concepción positiva de los demás;
    • ven el vaso medio lleno, lo que las conduce a esperar que los cambios que depare el futuro sean para mejorar.

Tomado del libro “Liderazgo: el poder de la inteligencia emocional” de Daniel Goleman, Ediciones B.

Inteligencia Emocional

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La autoconciencia

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Una persona con un buen nivel de autoconciencia tienen las siguientes tres competencias:

  • La autoconciencia emocional: Estas personas:
    • conectan con sus señales internas y reconocen el efecto que tienen sus sentimientos en ellas mismas y en su rendimiento laboral;
    • están en sintonía con sus valores de referencia y con frecuencia intuyen cuál es la mejor decisión, teniendo en cuenta el contexto general de una situación compleja;
    • pueden mostrarse francas y auténticas, siendo capaces de hablar de sus emociones y estar convencidas de sus principios fundamentales.
  • La autoevaluación certera: Estas personas:
    • conocen sus puntos fuertes y sus limitaciones, siendo capaces de reírse de sí mismas;
    • reconocen en qué tienen que mejorar y reciben de buen grado las críticas constructivas y los comentarios sobre su rendimiento;
    • saben cuándo deben pedir ayuda y en qué deben concentrarse para mejorar.
  • La confianza en sí mismo: Estas personas:
    • pueden recibir con ilusión un reto;
    • a menudo su presencia se hace notar y muestran una desenvoltura que los faculta para destacar en un grupo.

Tomado del libro “Liderazgo: el poder de la inteligencia emocional” de Daniel Goleman, Ediciones B, pp 143-144.

Inteligencia Emocional

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