Día de muertos… un tiempo para las tradiciones…

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Las tradiciones pueden ser muy formativas si se saben aprovechar. Detrás de cada una hay una serie de valores que muestran lo que es esencial para la familia y para el país en que se vive, por lo que constituyen un elemento fuerte de identidad.

Las tradiciones, además, suelen aportar unión y cohesión a la sociedad, y pueden convertirse en una escuela de respeto hacia los otros, pues solamente quien es capaz de apreciar y valorar lo propio estará en condiciones de entender lo que es valioso para los demás.

 

  • ¿Qué tradiciones aprendí cuando era niño?

 

  • ¿Qué tradiciones estoy transmitiendo a mis hijos?

 

  • ¿Conozco el significado de cada tradición? ¿Qué valores fomenta cada una?

 

  • ¿Hay alguna tradición que quisiera recuperar?

 

  • ¿Cómo lo puedo hacer?

 

Tomado de Pedagogía en casa, claves para una buena educación en el ámbito familiar, de Liliana Esmenjaud, Ed. Limusa

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El colegio de tu hijo: tu gran socio

Tomado de: Pedagogía en casa: Claves para una buena educación en el ámbito familiar (Esmenjaud, 2014) Editorial Limusa pp. 45-47

Pedagogía en casa

Claves para una buena educación en el ámbito familiar

En la escuela se desarrolla gran parte de la vida intelectual y social de tu hijo. Ahí aprende a hacer amistades; a defenderse de los demás; y a ganarse un lugar dentro del grupo. En ella se le enseña a respetar y a apreciar los valores de su sociedad, y es ahí donde pone a prueba todo lo que tú le enseñas. El colegio, se podría decir, es el universo específico de tu hijo, que lo prepara para afrontar su mundo de adulto.

Visto desde esta perspectiva, la escuela juega un papel de gran trascendencia en la vida de tu hijo. Desde que nace hasta su primer día de clases tú y tu familia han sido su única referencia con la sociedad en general. En el hogar ha sido acogido y arropado con mucho amor y se ha desenvuelto en un clima de seguridad emocional. Hasta ese momento sus relaciones se han limitado al núcleo familiar: ha aprendido a ser hijo, nieto y posiblemente hermano y primo.

Llegado el gran día de la entrada al colegio, tu hijo deja de ser exclusivamente “tuyo” para entrar en una sociedad mucho más amplia que la de tu hogar. Empieza a tener otras autoridades además de papá y mamá. Ha llegado la hora de medirse con niños de su edad. Hasta antes de empezar la escuela, cada niño es el “más inteligente”, el “más educado”, el “más rápido” y el “más… todo lo que se quiera” para su mamá. Pero ahora, la comparación es real y se empiezan a conocer las verdaderas dotes o dificultades del hijo.

Hasta este momento, su mundo dependía de ti y tu familia. Escuchaba las canciones que tú le ponías y veía las películas que tú escogías. Ahora recibe la influencia no sólo del colegio como institución, sino también de las familias de sus compañeros.

En un solo día, la vida de tu hijo, la tuya y la de tu familia sufren un cambio total. La rutina familiar ahora gira en torno a la de la escuela. Existe un calendario y un horario al que se ha de obedecer. Hay unas normas que se han aceptado y que se han de seguir. Conforme pasan los años, las tareas y obligaciones de los hijos aumentan y van configurando, de alguna manera, la convivencia familiar. En pocas palabras: te has casado con su escuela y este compromiso demanda fidelidad.

La escuela influye de modo creciente en el desarrollo de la personalidad de tu hijo. El tipo de profesores y de compañeros no son del todo indiferentes. Llegará el momento en que dará más crédito a la palabra de la maestra que a la tuya. Y, con el pasar de los años, serán los compañeros los que gocen de esa credibilidad. Te acostumbrarás a compartir su tiempo cada vez con más gente y más responsabilidades, hasta el día en que se gradúe y, adulto ya, esté listo para  tomar su camino y empiece, así, una vez más, el mismo ciclo vital.

El colegio desempeña definitivamente un papel central en la vida de tu hijo, por lo que su elección ha de ser bien pensada. Antes que nada hay que recordar que ha de ser tu gran socio en la trascendente tarea de educar. No te debe suplir ni mucho menos sustituir. La escuela es una ayuda significativa, pero sólo eso, por lo que es imprescindible que conozcas la filosofía que sustenta y que te asegures que estás de acuerdo con ella.

Hay colegios, por ejemplo, que únicamente consideran el punto de vista intelectual, y es cierto que sus niveles son muy altos, pero sería muy conveniente que vieras, además, qué tipo de valores y creencias enseñan. Algunos tienen una línea muy bien definida, otros, en cambio, no tienen nada especificado y sus valores cambian según las modas.

Si los valores y creencias de la institución van en contra de los tuyos, te invito a reconsiderar tu opción, por el bien de tus hijos. También es esencial que veas qué tipo de relación habrá entre el colegio y tú. ¿Qué lugar dan a los papás y a la familia en general? ¿Cómo será la comunicación entre el colegio y ustedes? ¿Cómo manejan posibles crisis o dificultades de los niños? Otro punto a examinar es el modo como enseñan ciertos temas que generan controversia hoy en día, para ver si se comparten los puntos de vista o no. A fin de cuentas, antes de elegir escuela, está todavía en tus manos no dar autoridad ante tus hijos a quienes promueven ideas contrarias a las tuyas.

Una vez seleccionado el colegio, no puedes desentenderte de la educación de tu hijo: tú sigues siendo el responsable. No es intromisión, es obligación. Es importante que sigas de cerca el desarrollo de tu hijo, que mantengas comunicación con la escuela para que te ayuden a comprender mejor las etapas por las que va pasando y para que tú les ayudes, a la vez, a conocerlo mejor. Es muy conveniente que conozcas los libros de texto y que estés muy pendiente de las asignaturas en las que más se fomentan valores y principios éticos. Las clases las imparten los profesores, pero tu consejo y modo de ver la vida siempre será valioso para tu hijo. Es fundamental que sepas qué es lo que él tiene en la cabeza para que lo puedas orientar y ayudar a formar su propio criterio.

Recuerda que tu hijo pasa una buena parte del día en el colegio. Que ahí tiene gente muy querida para él. La cooperación mutua entre esos dos grandes mundos en los que se desenvuelve su vida es de suma relevancia para su seguridad afectiva. Si tienes quejas o dudas, es más formativo que lo veas directamente con el personal del centro educativo a que lo critiques de forma abierta delante del niño, sin hacer nada por cambiar la situación. Si se trata de algo verdaderamente inadmisible para ti, es preferible que cambies de escuela. Si no hay esta posibilidad, es mejor que expliques a tu hijo el motivo de tu descontento, y el punto en concreto que no aceptas, pero seguir colaborando en todo lo positivo que pueda aportar para que el niño no se sienta divido internamente.

Si estás por escoger un colegio para tu hijo, recuerda que la elección influirá fuertemente en su vida y en la de tu familia. Ten presente que lo que buscas es un socio para tu misión más trascendental: educar a tus hijos para que lleguen a su plenitud humana y así puedan dar su aportación a la sociedad.

 

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Línea del tiempo (3)

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El adolescente y el joven cuentan con un poco más de recorrido, trazado en su mayor parte por sus papás quienes eligieron el colegio, el tipo de vacaciones, etc. Ahora tienen la tarea de escribir en el libro de su vida lo que realmente quieren.  Su misión es la de construir su historia personal, su porvenir. El futuro es su gran motivación, donde esperan encarnar los ideales que empiezan a abrazar. El pasado, además de estar muy fresco, todavía no les parece lo suficientemente interesante como para morar en él.

 

Tomado de Pedagogía para el retiro, cómo prepararte para la jubilación, ed. Limusa, de Liliana Esmenjaud

 

 

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La línea del tiempo (2)

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El niño se ubica al inicio de su línea. Su pasado es muy corto: su historia personal está comenzando.  El futuro no le parece algo tan real…, si acaso, lo proyecta tal y como ve el presente de sus papás.

 

Tomado de Pedagogía para el retiro: cómo prepararte para la jubilación, ed. Limusa, de Liliana Esmenjaud

 

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La línea del tiempo (1)

 

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Nuestra vida es como una línea del tiempo. Nos encontramos en el presente. El pasado ya está escrito. El futuro es la tierra de lo desconocido, de lo que está por venir y hacia donde nos proyectamos.  Nos sabemos resultado del ayer y constructores del mañana, mientras tejemos en el HOY nuestra existencia.

Nuestra historia se mueve entre estos tres tiempos: pasado, presente y futuro, dándole a cada uno un significado distinto según la edad que tengamos.

 

 

Tomado de Pedagogía para el retiro, cómo prepararte para la jubilación, ed. Limusa, de Liliana Esmenjaud

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Regla de oro para la educación de la libertad

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Una buena educación para la libertad busca ayudar al joven a conocerse. Conocer tanto sus puntos fuertes como los débiles, así como sus modos de reaccionar ante diversos estímulos, para potenciar todo lo bueno, y fortalecer donde se cojea. Esto implica un ejercicio constante de dominio personal que, lejos de traumar o  limitar, libera de esas ataduras internas, dando la satisfacción de saberse dueño de la propia persona.

Un aspecto importante de esta educación radica en la prevención. Al saber las posibles reacciones ante ciertos estímulos se buscará evitarlos para no caer en el comportamiento no deseado. El ambiente puede ser de gran ayuda o, por el contrario, un obstáculo constante a vencer. No se puede negar que cuando se vive en medio de tensión y estrés se está más pronto a reaccionar agresivamente. La música, los programas de televisión, los anuncios comerciales, por citar algunos, influyen ampliamente en esto.

La regla de oro para la educación de la libertad es la de vencer el mal con abundancia del bien. No basta con pedir al hijo que no pruebe la droga, que no se emborrache, que no copie en los exámenes, que no robe… y una larga lista de noes. Si bien, es básico que tenga claro los comportamientos inadecuados y peligrosos, lo será aún más que aprenda a conocer el atractivo de una diversión sana, del logro de una meta exigente, de la belleza de una amistad limpia, de la satisfacción de una ganancia honesta, de la alegría del dar y ayudar al necesitado, de la ilusión de compartir un proyecto, de la paz tras haber hecho felices a los demás, del entusiasmo de un buen partido de fútbol, de la inspiración de un paisaje hermoso o de una obra de arte. Una libertad enfocada a alcanzar estas metas es más auténtica y más de fiar que una basada en restricciones o en el ansia de satisfacer los propios caprichos.

Tomado de Pedagogía en casa, claves para una buena educación en el ámbito familiar, de Liliana Esmenjaud, Ed. Limusa.

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Un tiempo para las tradiciones…

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